Lo que todo fandom desea

‘Arcane’ (2021)

Netflix suele lograr una presencia constante en redes. Tiene herramientas para ello y, sobre todo, un número de usuarios elevadísimo. El otro día en clase mi compañera Vicky Sotomayor nos comentó que la plataforma de streaming ya ha alcanzado los 200 millones de suscriptores, de los que unos cuatro millones y medio pertenecen a España. No obstante, dentro de la lógica buena recepción de las series más promocionadas por Netflix, este último trimestre ha supuesto la concatenación de fenómeno tras fenómeno.

El regreso de La casa de papel en septiembre (la primera parte de su quinta y última temporada) iba a generar un impacto tremendo, como es lógico a la vista de la recepción de sus anteriores temporadas. Netflix tenía otras opciones de la mano de clásicos de su catálogo como la tercera temporada de Sex Education o You. También ha acertado con productos audiovisuales por debajo del radar como The Maid, pero creo que ha llegado el momento de dejar de ignorar el elefante en la habitación.

Hablamos de un elefante inmenso, tanto como el eterno rival del cachalote, ya sabéis, el calamar gigante. A penas han pasado dos meses desde su estreno y la prisa que tiene el sector por buscar el siguiente éxito bien podría hacernos pensar que se trata de una moda pasada. Quizá lo sea, sin embargo, no se puede negar todo lo que generó (y genera) y, sobre todo, lo que puede generar. Parasite, Kingdom, Squid Game… cada vez será más mainstream consumir ficción coreana.

Y es justo esto lo que nos lleva a hablar de Arcane, una serie de Netflix que ha revolucionado la red, un producto audiovisual que puede abrir la puerta a la animación a una parte del público que no había encontrado aún un motivo para adentrarse en este mundo o, Cthulhu no lo quiera, a jugar al League of Legends.

Bromas a un lado, en este artículo repasaremos algunos aspectos negativos relacionados con la serie del momento, si es un producto indicado para aquellas personas ajenas al lore del videojuego de Riot Games y todos aquellos elementos que han hecho que Arcane cause un impacto innegable.

No todo lo que brilla es oro

Resulta sencillo hablar de los aciertos de Arcane, de hecho si bajáis un poco en el texto lo podéis comprobar, pero se antoja necesario comentar ciertos asuntos antes. En un primer momento se podría optar por ignorar todas las polémicas acaecidas en Riot Games ya que esta serie corre a cargo del estudio francés Fortiche, pero es difícil separar un producto de otro. Esperemos que en la compañía gala todos los trabajadores gocen de unas condiciones justas y, sobre todo, ninguna trabajadora esté sufriendo ninguna injusticia. Aunque, bueno… 

Sobre la serie en sí, la única gran pega incontestable dio lugar a este artículo de Stacey Henley en The Gamer. Por desgracia, la transfobia no suscita tantos titulares, incluso a la mayoría se nos ha podido pasar ese momento. Igual que el mal doblaje en castellano en una escena de Caitlyn en el burdel. Una conversación que en su versión original carece de mención alguna a un hombre, pero que en la versión en castellano sí menta a un señor.

Algunas voces critican también que sea un producto diseñado para molar. ¿Es eso algo malo? Depende. Parece innegable que cuanto más producto sea una obra más se aleja de cierta lectura artística, menos presencia de la seña de identidad de la autoría va a tener, pero no por ello deja de ser una serie disfrutona que cumple su función. Mientras haya espacio para las dos corrientes, no hay problema.

El resto de problemas de la serie tienen más que ver con la recepción del público que con la propia obra en sí. En Voltio podéis leer a Kysucuac para profundizar en el peligro de idealizar una enfermedad mental o cómo tendemos a romantizar a los villanos.

El futuro ha llegado

Quizá comenzar por lo malo haya generado una sensación alejada del verdadero propósito detrás del texto. Seré franco: Arcane me ha gustado mucho. Me parece un acierto que la serie llegara en tres tandas de tres episodios, no soy aficionado de las maratones con las series (salvo que se trate de un revisionado), ya que dificultan el desarrollo de la conversación en torno a ellas; la animación es una absoluta maravilla, con un estilo delicioso y una calidad constante que soy incapaz de definir mejor que la pareja de Marta Trivi, autor de un concepto tan redondo como «ir a 30 wallpaperspor segundo»: si haces pausa en cualquier momento, encontrarás un fondo de pantalla ideal.

Puede que el argumento de Arcane no resulte revolucionario, desde luego. Resulta relativamente sencillo adivinar qué va a suceder o quién se esconde detrás del misterioso enmascarado líder de una nueva facción. No obstante, el poderío de su forma evita que la serie palidezca por su fondo. No creo que sea justo catalogar Arcane como un envoltorio precioso sin más, ya que la falta de innovación no implica falta de calidad. Sí logra resultar refrescante por la variedad étnica, por la dupla de Caitlyn y Vi (elevadas a categoría de «matching icons with your bae» al instante), por la acción tan impresionante que nos ha regalado escenas tan tensas como la del final del primer arco o el enfrentamiento en el puente.

No es casualidad que mucha gente haya pensado en Brandon Sanderson y su saga Mistborn tras ver Arcane. Sinceramente, ¿cómo no soñar con tus libros favoritos adaptados con este nivel de animación? Acabo de imaginar Mundodisco de Terry Pratchett así y creo que me he mareado. Una lástima, porque aún tenía que comentar que Ekko es lo más bonico de Zaun y que Jayce es más tonto que una piedra. Me reservo esto para el futuro episodio que grabemos en NAT Moderada.

League of Legends desde la barrera

No me equivoco si trazo una línea que divida la audiencia de Arcane entre las personas que nunca han jugado al LoL y aquellas que lo hacen de forma más o menos frecuente. En mi caso, me sitúo en una tercera opción menos común (igual que entre Vi y Jynx me quedo con Ekko o entre Light y L me quedo con Ryuk): jamás he jugado al LoL, pero he visto horas y horas de partidas profesionales de este videojuego. Comencé sin entender nada y… ahora entiendo poco, pero sí estoy al tanto de muchos conceptos y de la narrativa en sí que genera el circuito profesional.

Uno de los aciertos de esta serie es haber logrado funcionar tan bien sea cual sea el grupo en el que se encuentre el espectador. Si conoces la historia de los personajes sabrás cuál será el destino de los mismos (en esta temporada o en las que están por venir), pero no es necesario disponer de este saber para disfrutar de Arcane. Eso sí, resulta satisfactorio reconocer aspectos del juego como algunos movimientos de los personajes o la identidad de algún cameo misterioso.

Por si alguien ha visto la serie y tiene curiosidad por saber qué personajes pueden elegirse en League of Legends, tenéis como campeones jugables a: Jynx, Vi, Caitlyn, Ekko, Jayce, Viktor, Heimerdinger, el salvador de Jayce y su madre (Ryze seguramente, por su ulti en el juego), el científico de Zaun (Singed), cuya hija bien podría ser Orianna por la foto que observa en el último episodio, algo similar a Twitch según los experimentos que está realizando… y luego está Vander, que muchas teorías colocan como Warwick.

En Arcane han logrado respetar y potenciar a los personajes del juego (los diseños de las campeonas del LoL mejoran bastante), pero no se limitan a ellos. Un villano como Silco, una diplomática como Mel o lo poco habitual que resulta una gobernante como la madre de Mel suponen un añadido ideal para que el producto sea más redondo. Habrá que esperar hasta 2023 para ver cómo continúa, pero no podía haber empezado mejor.

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